Sarah denuncia ante el Parlamento Europeo el neocolonialismo ideológico de la UE

En el coloquio 'Europe and Africa' celebrado en Bruselas el 15 de julio, el purpurado guineano calificó la práctica de neocolonialismo cultural y económico.

El cardenal Robert Sarah compareció este miércoles ante el Parlamento Europeo en Bruselas para denunciar que la Unión Europea subordina su cooperación con África a la aceptación de agendas que incluyen el aborto, la deconstrucción de la diferencia sexual y los llamados derechos sexuales y reproductivos. La intervención tuvo lugar en el coloquio *Europe and Africa*, organizado a iniciativa de los eurodiputados Paolo Inselvini y Nicolas Bay.

El discurso del cardenal guineano no fue una queja diplomática: fue un diagnóstico articulado sobre la corrupción del lenguaje como instrumento de poder. Su premisa de partida, tomada de unas palabras recientes de León XIV ante el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, fue que el diálogo auténtico exige que las palabras nombren realidades ciertas. Cuando dejan de hacerlo, la negociación deja de ser cooperación y se convierte en dominación encubierta.

El lenguaje como instrumento de presión

Sarah señaló que expresiones habituales en documentos internacionales han sido vaciadas de su significado originario para designar realidades distintas. Según expuso, «salud sexual y reproductiva» designa con frecuencia el acceso al aborto, mientras que «igualdad de género» puede significar la negación de la diferencia sexual inscrita en el cuerpo humano. No se trata, subrayó, de una disputa terminológica: quien controla el significado de las palabras controla el resultado de la negociación.

Esta lógica, aplicada a los instrumentos de cooperación entre la Unión Europea y los Estados africanos —entre ellos el Acuerdo de Samoa y diversas resoluciones del Parlamento Europeo—, produce lo que el cardenal denominó «una forma de neocolonialismo cultural y económico». El mecanismo es verificable: el acceso a financiación o a programas de desarrollo queda condicionado a modificaciones legislativas en materia de aborto, familia o identidad sexual. «Cuando se invocan los derechos humanos para imponer categorías jurídicas ajenas a nuestra historia, a nuestra fe, a nuestra cultura y a nuestra visión antropológica», afirmó, «ya no estamos ante una cooperación entre iguales».

Tres pontificados como respaldo doctrinal

El purpurado articuló su argumentación apoyándose en el magisterio de Benedicto XVI, Francisco y León XIV. De Benedicto XVI recuperó la defensa del *Logos* (razón-palabra divina) y de la razón como fundamento del orden jurídico y político, así como sus advertencias sobre el relativismo y la ideología de género: cuando los derechos se construyen separados de la verdad sobre el hombre, la razón misma se deforma. De Francisco evocó las denuncias reiteradas contra las «colonizaciones ideológicas». De León XIV citó su reciente encíclica *Magnifica humanitas* para advertir del peligro de reducir la persona humana a un dato técnico, económico o estadístico.

Esta convergencia de tres pontificados sobre un mismo diagnóstico no es un recurso retórico: es la columna vertebral del argumento. La crítica al neocolonialismo ideológico no proviene de una sensibilidad política particular, sino del núcleo de la doctrina social de la Iglesia sobre la dignidad de los pueblos y el principio de subsidiariedad.

Lo que África puede ofrecer a Europa

Sarah no limitó su intervención a la denuncia. Reclamó una cooperación fundada en el respeto mutuo y en la solidaridad, y señaló que la secularización europea convierte hoy a África en un referente espiritual para Occidente. El vigor de la fe, la solidez de la vida familiar y la abundancia de vocaciones en numerosos países africanos son, a su juicio, bienes que Europa necesita recibir, no obstáculos que superar.

En su llamamiento final a los eurodiputados, el cardenal no pidió un acto de fe sino, en sus propias palabras, «un acto de razón»: que comprueben si el lenguaje que emplean honra realmente a la persona humana, a la familia y a la libertad de los pueblos. La condición para que África y Europa caminen juntas no es un tratado mejor redactado, sino que las palabras vuelvan a decir lo que dicen.

La intervención del cardenal Sarah en el corazón institucional de la Unión Europea pone sobre la mesa una cuestión que las cancillerías prefieren tratar como técnica: si la ayuda al desarrollo puede ser moralmente neutra cuando lleva adosadas condiciones que afectan a la legislación sobre la vida y la familia. La respuesta que ofrece la doctrina social de la Iglesia es inequívoca, y el purpurado la pronunció donde debía pronunciarse.

*Este medio no obtuvo respuesta de la Comisión Europea antes del cierre de edición.*